No fue una pastilla. No fue una técnica sofisticada. Fue el jardín. La tierra entre los dedos, el sol en la cara, el canto de los pájaros como una canción armoniosa. Ahí, entre toda esta simpleza, encontré lo que algunos manuales prometen: paz, claridad y propósito.
Te puedo decir que no todas las medicinas vienen en frasco, hay unas dinámicas que suelen ser efectivas y de mucho progreso para eliminar los síntomas de la depresión y ayudarte sanar y / o enfocarte en tu sanación.
Durante mucho tiempo busqué soluciones para el estrés, la ansiedad, la falta de enfoque. Probé métodos, leí libros, escuché podcasts. Algunos ayudaron, otros solo maquillaron ese ruido interno. Pero fue cuando decidí trabajar en mí que realicé tes cosas. Atender mi salud física, retornar a mis ejercicios y me envolví en la naturaleza y literalmente ahí pude ver y sentir que algo cambio en mí.

Oye, Vamos a enfocarnos en la naturaleza.
No hay mejor antidepresivo que el olor a tierra mojada. Se ha comprobado que el olor terroso que emana de la tierra al caer las primeras gotas de lluvia es un olor placentero. Por si acaso ese olor se llama Petricor.
No hay mejor terapia que sembrar unas semillas o una planta y verlas germinar y crecer. No hay mejor coach que una planta o un árbol que te enseñan a estar firme y flexible al mismo tiempo.
No porque un árbol haya perdido sus hojas significa que está muerto. Por el contrario, se está preparando para algo mejor.
Desde el enfoque del neurocoaching, estar en contacto con la naturaleza activa el sistema parasimpático (estado fisiológico de calma), ese que nos permite descansar, regenerarnos y conectar con todos nuestros recursos internos. Las áreas verdes reducen el cortisol, aumentan la dopamina y estimulan la neuro-plasticidad.
¿Traducción? Menos estrés, más creatividad, mejor toma de decisiones.
Cuando corro rodeado de árboles, no solo se oxigena mi cuerpo. Se oxigena mi mente.
Las ideas fluyen. Las soluciones aparecen. Y lo que parecía un problema se convierte en una oportunidad.

Trabajar con el jardín me enseñó a, respetar los procesos, reconociendo que, no todo florece al mismo tiempo. Y está bien. Aceptar el caos y el desorden; La tierra no siempre está ordenada, pero siempre está viva. De igual manera, hay momentos en que tenemos un caos mental ya que hay muchas ideas corriendo por nuestra mente, pero si sabes que para tener la mejor tierra tienes que trabajarla, removiendo de ella lo que no es necesario para esa planta que estas por sembrar. Te invito a confiar en el proceso, aunque no veas resultados hoy, algo está germinando.
Cada planta que cuido me recuerda que yo también estoy en crecimiento. Que no necesito ser “perfecto” para estar en movimiento.
La naturaleza no nos exige, ella simplemente Nos recibe, No nos juzga y nos acompaña. Y en ese espacio de aceptación profunda, es cuando recuerdas quién eres. No se trata de huir del mundo. Se trata de reconectar con el mundo real, con la realidad. Ese que no está en pantallas, sino en raíces, hojas, viento y silencio.
Hoy puedo decirlo con mucha certeza que, el jardín le ganó al antidepresivo. No porque la medicina no sirva, sino porque a veces lo que necesitamos no es química, sino conexión.
Así que, si estás buscando claridad, propósito o simplemente un respiro. Así que sal, camina, Siembra y corre entre árboles. Porque cuando tú te envuelves en la naturaleza, todo vuelve a tener sentido.
¿Y tú que está leyendo este artículo, estas lito para La Naturaleza?
Juan M Ayala
Master Neurocoach



















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