
Un día, un amigo me comento: “Aprende a nadar entre los tiburones”. Al principio no comprendí su consejo, y al preguntarle me respondió con calma: Nadar entre tiburones no te hace más fuerte; te hace capaz de enfrentar cualquier corriente, incluso cuando tu entorno está lleno de bocas dispuestas a morder. Ellos te respetarán, porque solo un espíritu valiente se atreve a nadar en su territorio.
Después añadió: “No se trata de imponerte, sino de aprender a ser visto y sentido en un mundo que se prepara para atacarte por ser distinto”.
Hoy, mis tiburones ya no tienen aletas ni colmillos: son emocionales, invisibles, silenciosos. Y, aun así, nado entre ellos con serenidad. Porque, en lo profundo, sigo siendo un hombre de paz interior, justo con los demás, y libre en el océano de mi propia verdad.
Juan M Ayala
Master Neurocoach















Leave a reply to Blanca Reyes Cancel reply