Cerrar un ciclo es casi como despedir a ese invitado que ya se quedó mucho rato en la fiesta: hubo risas, hubo drama, hubo anécdotas… pero ya es hora de apagar la música y recoger los vasos. Significa aceptar que todo lo vivido, lo bonito y lo que te sacó canas emocionales, formó parte de tu crecimiento, aunque en su momento no pareciera nada educativo.
Agradece el tiempo que ese ciclo se quedó en tu vida como si fuera Airbnb, las lecciones que te dejó (aunque algunas llegaron sin manual de instrucciones) y la fuerza que sacaste para sobrevivir a los momentos difíciles con dignidad… o al menos con sentido del humor. Porque cuando un ciclo no se cierra con gratitud, se queda dando vueltas, es como una puerta mal cerrada donde entran los recuerdos innecesarios y a esos nadie los invitó. Spoiler: agradecer es la forma más elegante de cerrar, poner candado y seguir adelante.
Si hoy te toca cerrar un ciclo, hazlo con conciencia, con presencia y con un corazón listo para soltar… y estirar las piernas. Agradecer es como darle “completado” correctamente al proceso: sellas, bendices y permites que la energía vuelva a fluir hacia lo nuevo, lo emocionante y, un poquito menos dramático.

Este es mi mantra para cerrar ciclos:
“Hoy doy gracias por lo aprendido, por lo vivido y por todo lo que mi alma integra (aunque algunas lecciones llegaron con efectos especiales). Hoy cierro un ciclo de crecimiento y fortaleza, oficialmente declarado completado por el universo. Hoy Dios / el universo abre ante mí nuevas puertas que antes solo veía desde la distancia, y camino hacia ellas con sabiduría, confianza y cero equipajes emocionales innecesarios. Gracias, gracias, gracias… mensaje recibido, lección entendida, siguiente nivel activado.”
Y tu que estas leyendo este artículo, ¿Qué ciclo estas cerrando hoy?
Juan M Ayala
Máster Neurocoach

















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