He llegado a una etapa de la vida donde el “¿y si se ofenden?” se transformó en “¿y si me respeto?”. Y aquí estoy, en esa edad donde el filtro social se desgasta, no por descuido, sino por evolución. Si lo pienso, lo comparto. Si lo siento, lo expreso. Y si incomoda… es parte del proceso. Porque ya no me interesa encajar en moldes que no elegí, sino vivir en coherencia conmigo mismo.

Por muchos años jugué el juego: sonreír cuando no quería, callar para no incomodar, disfrazar la verdad con cortesía. Hoy entiendo que la autenticidad no es rebeldía, es madurez. No se trata de herir, sino de dejar de traicionarme. Así que me despido de la diplomacia forzada. Decir lo que pienso no me hace cruel, me hace libre… y la libertad es bienestar.

En este camino también aprendí a reconocer a los llamados “vampiros emocionales”: personas que se alimentan de tu energía, tu culpa o tu necesidad de aprobación. Ya no caigo en esas dinámicas. ¿Manipulación disfrazada de preocupación? La observo. ¿Victimismo crónico que exige rescate? Lo reconozco. ¿Críticas pasivo-agresivas envueltas en “te lo digo por tu bien”? Las interpreto con claridad.

“Hoy elijo no regalar mi paz a quien vive en guerra consigo mismo”. (Anónimo)

Expresar lo que siento no es un acto de rebeldía, es un acto de respeto hacia mí y hacia los demás. Porque si me callo lo que me duele, lo que me molesta, lo que me emociona… ¿quién habla por mí? Nadie. Y ya no delego mi voz.

No busco aprobación. Busco conexión real. Y eso solo ocurre cuando dejamos de editar nuestra esencia.

¿Y si te molesta? Pues… si mi verdad incómoda, quizás es porque toca una herida que aún no has sanado. No es mi intención herirte, pero tampoco es mi responsabilidad protegerte de tu propio reflejo. Yo no soy cruel, soy claro. Y la claridad es un regalo.

Porque ya me superé. Me superé a mí mismo, a mis miedos y a mis ganas de agradar. Y en ese proceso encontré algo más valioso que la aceptación externa: paz interna.

Antes podía sanar a otros, pero no a mí mismo. Hoy puedo sanarme y acompañar a otros para que sanen por sí mismos.

Te invito a leer El Villano en tu Historia, un escrito reciente que forma parte de mi viaje hacia la autenticidad y el bienestar. En él explico, de manera más clara, cómo en ciertos momentos pueden percibirnos como villanos por expresarnos o hacernos entender. Sin embargo, con el paso del tiempo muchos descubrirán que tu forma de ser no corresponde a un villano, sino a un ser en paz.

Y tú, que estás leyendo este artículo, ¿ya perdiste tu filtro? ¿Cómo se siente?

Juan M Ayala

Master Neurocoach

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